27 octubre, 2014

UN PASEO POR LAS NUBES

Pedro Camacho e Inmaculada Gómez, junto a los restos de la fuente que abastecía al poblado
En un día en el que se conmemoran los cincuenta años de las maniobras LANZA DE ACERO I, realizadas en Mazagón por el ejército americano en operación conjunta con las tropas españolas, nos hemos acercado al Poblado Forestal de Mazagón para apoyar de alguna manera la colocación en la ermita de unos azulejos, también conmemorativos, cuya noticia has cubierto, como no podía ser de otra manera.

Acompañado de Pedro Camacho y de Inmaculada Gómez, que ha hecho de Cicerone por haberse criado allí, hemos podido visitar la zona en la que se ubicaron, al parecer, unas ciento cincuenta chozas cercanas a lo que hoy queda de aquel poblado y contemplar en un descampado los restos de la primera, ahora tumbada, y única fuente que los abasteciese de agua, a ellos, a los soldados de Lanza de Acero e incluso hay quien dice que a un burrito "pequeño, peludo, suave.." en alguna visita que Juan Ramón hiciera a la zona. Esto último bastante difícil de confirmar pero no cabe duda que pinta un toque romántico.

Fuente del poblado
Tan solo el imaginar cómo sería la vida allí y sobre todo en aquellos difíciles tiempos ha supuesto el gozar de una espléndida mañana y disfrutar de un maravilloso paseo por las nubes de nuestra, tal vez, un poco desbordante imaginación.

Como quiera que si se necesita alguna información del Poblado o fotografía de la zona de aquella época es inexorable ponerse en contacto con un, yo diría, "relatador de historia, además de artista" y sobre todo amigo, que tiene todo el conocimiento preciso albergado en su memoria, no he tenido más que hacer una llamada a José Manuel Gómez Domínguez, hermano de Inmaculada, y al momento tenía una suya de aquellos tiempos, en la que él, siendo niño, contemplaba como los mayores bromeaban con el sumamente importante acontecimiento de tener agua corriente a pie de la que también fuese su choza y no tener que bajar diariamente con los búcaros a buscarla a los manantiales de la playa. 

Federico Soubrier