13 mayo, 2020

CORONABIRDING: Avistando aves desde casa [en Mazagón]

Pareja de tórtolas turcas
Rafael R. Porrino

La reclusión domiciliaria que nos estamos viendo obligados a mantener para combatir al coronavirus parecería, a priori, poco propicia para una actividad como el avistamiento de aves, que se desarrolla habitualmente en espacios naturales. Sin embargo, durante las fases más duras del confinamiento unos amigos pajareros pusieron en marcha una peculiar iniciativa, a la que algunos bautizamos como coronabirding, y que consistió en registrar todas las especies de aves que una persona es capaz de detectar desde su vivienda durante el confinamiento, siendo válido para ello el avistamiento y/o la escucha desde ventanas, patios o terrazas privadas. 
Abubillas, residentes todo el año en Mazagón

El hecho de llevar una contabilidad sistemática de las especies que se detectan y de compartirlo posteriormente en un grupo especializado en una red social hizo que fuéramos más de 900 las personas que nos vimos animadas a participar en esta iniciativa, que lógicamente no tenía ningún fin competitivo, sino el mero propósito de ayudarnos a los ornitólogos a sobrellevar el confinamiento haciendo lo que más nos gusta: ver aves... aunque sea desde casa.
Grupo de gaviotas de Audouin, sombrías y patiamarillas

 Dedicar atención a los pájaros de nuestro entorno más inmediato nos hace conocer mejor a nuestros vecinos alados, a la par que nos permite estudiar con más detalle las aves que pueden verse en una determinada localidad. La privilegiada situación geográfica de España, la existencia de espacios naturales de calidad cerca de muchos pueblos y ciudades, y las fechas del confinamiento (en plena migración primaveral) han hecho que el número de especies registradas haya sido muy alto, causando sorpresa a casi todos los participantes el comprobar cómo sus listas iban alcanzado números muy elevados conforme avanzaban las semanas.
Gorrión común, una de las aves urbanas más conocidas

 Yo estuve participando en el coronabirding desde mi casa en Mazagón desde el 16 de marzo hasta el 3 de mayo, y conseguí anotar 106 especies de aves, una de las listas reportadas más extensas de todo el país. Ello sin duda se debe en gran medida al entorno privilegiado que tenemos, pues el cinturón de pinares y lagunas que circunda el pueblo, combinado con el frente al océano y a la desembocadura de la ría, configuran un escenario apetecido por multitud de pájaros de muy diferente condición.
Golondrina dáurica en una pose muy torera...

 No es mi intención detallar todas las especies registradas, pero sí que merecen destacarse en esta lista avistamientos de aves muy amenazadas, como la pardela balear (catalogada como En Peligro de Extinción) y otras consideradas Vulnerables a la Extinción como la pardela cenicienta, la gaviota de Audouin, el águila pescadora y el aguilucho cenizo.
Alcaudón común

 Asimismo, ha sido muy interesante ir reparando día a día en cómo las últimas aves invernantes desaparecían, dando paso a las estivales que iban llegando desde sus cuarteles africanos para anidar entre nosotros, como las golondrinas dáurica y común, el chotacabras pardo, el abejaruco europeo, la canastera común, el alcaudón común o la tórtola europea; o que simplemente iban de paso rumbo a sus zonas de reproducción en latitudes septentrionales, como el mosquitero musical, la cerceta carretona o el fumarel común. 
Abubilla con ceba para sus polluelos

 El devenir reproductivo de nuestros vecinos residentes todo el año también ha podido ser seguido con todo lujo de detalles, desde la fase inicial de marcaje de territorio hasta la de cebar a los pollos ya volanderos, pasando por los cantos de cortejo, el acarreo de material para los nidos, la incubación, etc. Así lo he podido vivir con las abubillas, los gorriones comunes, las currucas cabecinegras, los verdecillos, los jilgueros, los estorninos negros o las tórtolas turcas del barrio.
Bando de garzas imperiales en migración

  El océano deparó momentos divertidos, con págalos parásito y grande, alcatraces, negrones comunes o los abundantes charranes patinegros en lances de pesca. La ría, por su parte, traza una suerte de autovía migratoria para especies de limícolas como los correlimos común y gordo, el chorlitejo grande, el chorlito gris, la aguja colipinta o el zarapito trinador, que quedaron convenientemente anotados en el cuaderno. Y qué decir de los flamencos, que nos regalan con frecuencia su paso en formación por las tardes y noches.
Cernícalo vulgar (macho) devorando un reptil

En definitiva, aves que alegran nuestros días, incluso en tiempos de pandemia y reclusión. Desde aquí animo a todo el mundo a conocerlas un poquito mejor, pues tenemos la fortuna de vivir en un lugar, Mazagón, que es idóneo para disfrutar de ellas.
Curruca cabecinegra, macho

 Estornino negro

Urraca

Formación de flamencos

Cernícalo vulgar (hembra)

En Mazagón desde casa no sólo se ven aves... Camaleón común.

Nota: todas las fotografías que acompañan a este reportaje se realizaron durante el confinamiento y desde casa, en Mazagón, y son sólo una pequeña muestra de las 106 especies de aves detectadas.

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