En 1935, cuando la
pesca artesanal marcaba el pulso económico y social de la costa onubense, un
vecino de Mazagón protagonizó una de esas gestas que aún hoy impresionan por su
magnitud. Joaquín Suárez García, conocido popularmente como “Joaquín el de la
Barca”, fue noticia tras lograr una captura extraordinaria de más de 500
corvinas en un solo lance de copo, una hazaña que quedó grabada en la memoria de
los pescadores de la zona.
El histórico suceso
tuvo como protagonista a la embarcación “Santa Adelina”, propiedad de Joaquín
Suárez, y se produjo en la zona de Matalascañas, un litoral entonces
prácticamente virgen. Aquel entorno era frecuentado por pescadores que faenaban
con la jábega, un arte de pesca tradicional muy extendido en las costas
onubenses. Este sistema consistía en una red de hilo de cáñamo embreado,
formada por varias piezas, que se calaba desde una embarcación —también llamada
jábega— y se cobraba desde la playa mediante un intenso trabajo colectivo.
La jábega fue durante
décadas la modalidad de pesca más común del litoral español y, especialmente,
de la provincia de Huelva. Su uso daba empleo a un elevado número de personas
—pescadores, braceros y arrieros—, aunque precisamente por requerir tanta mano
de obra, los beneficios económicos que generaba no solían ser elevados. Este
arte tradicional acabaría siendo prohibido en la década de los años setenta, al
considerarse poco respetuoso con el medio marino.
La excepcionalidad de
la captura fue recogida por el diario El
Liberal en su edición del 22 de mayo de 1935, donde se relataba brevemente
lo ocurrido en los siguientes términos:
“En
las playas de Castilla, y en el sitio de Matalascañas, ha obtenido ayer un gran
éxito de pesca la barca llamada ‘Santa Adelina’, de la propiedad de don Joaquín
Suárez García.
En
el copo se recogieron más de 500 corvinas, cantidad extraordinaria, que llamó
la atención de los afortunados pescadores.”
La corvina, pez muy
apreciado por su tamaño y calidad, suponía entonces un importante recurso
económico, por lo que una captura de tal magnitud no solo era motivo de orgullo
profesional, sino también un importante alivio económico para quienes dependían
directamente del mar para su subsistencia.
Este episodio es un fiel reflejo de una época en la que la pesca se realizaba de forma artesanal, con medios modestos, y forma parte del patrimonio histórico y marinero de Mazagón y su costa. Historias como la de Joaquín el de la Barca nos recuerdan la estrecha relación entre estas tierras y el mar, y el papel fundamental que los pescadores desempeñaron en la construcción de la identidad local.
