A primera hora de la mañana de este sábado, caballos y ciervos
calmaban su sed en el Caño Martinazo. Aunque su nivel ha bajado
considerablemente, sigue siendo un respiro para la fauna de la Reserva
Biológica de Doñana. Con el agua tan escasa y el estrés hídrico que azota a las
marismas de forma periódica, este sitio se ha convertido en un auténtico oasis
para los grandes mamíferos.
En las horas de más calor, no es raro ver estampas así:
caballos marismeños y ciervos compartiendo espacio, casi codo con codo, en lo
que queda del caño. Como el agua escasea, los animales no tienen más remedio
que concentrarse en los pocos puntos donde todavía corre algo de caudal. Este
rincón de la Reserva Biológica es un espacio fundamental para la supervivencia
de la fauna del entorno.
Lo cierto es que el Caño Martinazo demuestra hasta qué punto el ecosistema de Doñana es resiliente, funcionando como un salvavidas natural. Pero al mismo tiempo, ver a los animales apiñados en esas aguas tan mermadas te hace pensar en lo frágil que es el Parque Nacional, y en lo urgente que resulta proteger sus acuíferos.
