29 agosto, 2026

Caballos y ciervos sacian su sed en el Caño Martinazo

Caño Martinazo-Captura cámara 1/Estación Biológica de Doñana
José Antonio Mayo

A primera hora de esta mañana, caballos y ciervos calmaban su sed en el Caño Martinazo. Aunque su nivel ha bajado muchísimo, sigue siendo un respiro para la fauna de la Reserva Biológica de Doñana. Con el agua tan escasa y el estrés hídrico que azota a las marismas de forma periódica, este sitio se ha convertido en un auténtico oasis para los grandes mamíferos.

En las horas de más calor, no es raro ver estampas así: caballos marismeños y ciervos compartiendo espacio, casi codo con codo, en lo que queda del caño. Como el agua escasea, los animales no tienen más remedio que concentrarse en los pocos puntos donde todavía corre algo de caudal. Y ese rincón de la Reserva Biológica se vuelve, entonces, clave para que puedan aguantar.

Lo cierto es que el Caño Martinazo demuestra hasta qué punto el ecosistema de Doñana es resiliente, funcionando como un salvavidas natural. Pero al mismo tiempo, ver a los animales apiñados en esas aguas tan mermadas te hace pensar en lo frágil que es el Parque Nacional, y en lo urgente que resulta proteger sus acuíferos.