14 agosto, 2026

NARCOBASURA

Basura en la playa de Doñana. / Javier Moyano.
Javier Moyano Jiménez Rodríguez

En las zonas de la Playa de Doñana donde, por no ser de su competencia, no llega el camión-barredera del Ayuntamiento de Almonte (Playas del Coto -Parque Nacional- a Levante y Playas de Castilla -Parque Natural- a Poniente), la basura que el mar arroja siempre vino a poner su nota discordante en la imponente belleza de este enclave natural.

Es habitual desde siempre encontrar allí todo tipo de balizas, nasas, pulperas y trozos de artes de pesca que las corrientes roban a sus dueños mientras están caladas y acaban escupiendo en la playa.

Por su aspecto pintoresco y un tanto fotogénico, podríamos incluso pensar que este tipo de basura -sin dejar de serlo y con toda su perjudicial presencia- está más o menos en su sitio.

Pero, sobre todo, esas artes de pesca a las que antes aludía -principalmente cabos y redes- son especialmente peligrosas para la fauna, en tanto en cuanto aves, peces, cetáceos y tortugas pueden perecer y perecen enredados en ellas.

No obstante, la situación de un tiempo a esta parte se ha visto brutalmente empeorada desde que el narcotráfico ha aumentado de forma exponencial en nuestra costa.

Hasta el punto de que la mayor parte del residuo que allí se acumula es ya producto de esta lacra y se divide entre miles de petacas -garrafas de plástico para gasolina de 25 litros de capacidad- y enormes narcolanchas abandonadas, cuyos potentes motores fueron alimentados con el citado combustible.

La recogida de esta basura, simplemente, no la hace nadie. Nadie que cobre, me refiero. Se la deja al albedrío de Quique Bolsitas y otros loables voluntarios que, de cuando en cuando, organizan batidas de limpieza y lo dejan todo impoluto. Hasta que el mar trae más basura, la suelta donde mismo y todo queda igual.

Como en el mito griego de Penélope, se trata de tejer un manto durante el día sabiendo que será destejido durante la noche.

A pesar de saber que en este aspecto la Ítaca de Penélope no dista demasiado de mi Matalascañas, muchas veces he sentido la necesidad de apuntarme, pero por diferentes motivos nunca lo he hecho. Quizás haya sido porque realmente no crea que esta cuestión sea responsabilidad de los ciudadanos. Y esa lucha interna me ha llevado a plantearme una serie de preguntas:

¿De verdad las Administraciones (Nacionales o Autonómicas, me da igual) tienen que dejar que algo tan serio como la recogida de residuos de la costa de Doñana la hagan los particulares por su propia iniciativa?

¿De verdad no ven estas Administraciones el aspecto tan lamentable que ofrece esta parte de la costa y el impacto que esta basura tiene en la flora y en la fauna del Parque con mayor biodiversidad de España?

¿De verdad que esta imagen -más parecida a la de un narcoestado que a la de un país de UE- es la que queremos proyectar a los muchos visitantes nacionales y extranjeros que pagan por conocer la supuestamente idílica costa del humedal más importante de Europa?

¿De verdad hay derecho a que aún permanezcan en la ribera de Doñana, a la vista de todo el que pasa, embarcaciones que transportaban droga y que vararon allí hace años? ¿Les gusta su presencia o están esperando a que las sepulten las dunas o sean desintegradas solas?

¿De verdad no vemos que el mensaje que transmitimos a los más pequeños cuando transitan por la zona es que tanto la basura como el narcotráfico son algo normalizado y aceptado?

¿De verdad no hay dinero para que se lleven esas embarcaciones de una vez ni para que, por ejemplo, dos personas con una furgoneta pickup todoterreno recorran la playa todos los días, desde Malandar hasta el Loro, recogiendo este tipo de residuos?

He empezado con la coletilla "de verdad" todas mis preguntas porque me parece increíble y vergonzoso que esto esté pasando en el siglo XXI en el Parque Nacional y Natural más importante de España, Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad, ante el silencio cómplice de todos y sin que por el momento tenga viso alguno de arreglarse.