19 agosto, 2026

Adrenalina sobre el mar: el desafío de la jet surfboard

Quienes la han probado aseguran que experimentan una sensación adictiva

La jet surfboard, otra forma de sentir el mar.

Imagina deslizarte sobre el agua como si fueras parte de ella, con el viento salado rozando tu rostro y una descarga de adrenalina recorriéndote el cuerpo. Y todo eso sin esperar a que lleguen las condiciones perfectas ni depender de lo que decida el viento. No es una escena de película futurista: es lo que se siente al surcar el mar con una jet surfboard.

Para quienes aman el mar, esta tabla motorizada ha cambiado por completo la forma de relacionarse con él. Ya no hace falta mirar continuamente el parte meteorológico para elegir el mejor momento para salir a navegar con la tabla. Con su motor integrado, eres tú quien marca la velocidad, los giros y la intensidad del momento. Es libertad en estado puro.

La jet surfboard combina la potencia de una moto de agua con la ligereza del surf tradicional. Fabricadas en fibra de carbono, estas tablas pueden alcanzar hasta 60 km/h, permitiendo saltos, maniobras rápidas y esa sensación de volar sobre el mar, difícil de describir.

A diferencia del surf clásico, que exige paciencia, técnica y mucha fuerza física, la tabla motorizada ofrece una entrada más directa y accesible al mundo de los deportes acuáticos. Aunque su manejo no es demasiado fácil, tras un período de adaptación, cualquiera puede empezar a sentir la velocidad y disfrutar del recorrido. Lo que más engancha es esa mezcla de control, emoción y libertad que se vive desde el primer momento, tanto si eres principiante como si ya tienes experiencia.

Aunque parezca una innovación reciente, la idea nació en los años 30, cuando unos socorristas australianos idearon una tabla con motor para poder moverse con rapidez ante cualquier eventualidad. El primer modelo comercial llegó en 1965, de la mano de Bloomingdale’s, empresa estadounidense que lanzó 200 unidades por un precio de 1.700 dólares de la época.

Libertad en estado puro.

Hoy, la legislación las considera artefactos náuticos de recreo autopropulsados. No requieren permiso de navegación, aunque sí es obligatorio tener un seguro de responsabilidad civil.

El experto piloto que protagoniza este reportaje eligió las playas de Mazagón para perfeccionar su técnica. Las aguas tranquilas de Ciparsa y El Vigía, protegidas por el espigón Juan Carlos I, ofrecen un escenario ideal para practicar sin sobresaltos.

Montar una tabla motorizada es mucho más que un deporte: es una forma de desconectar de la rutina, conectar con la naturaleza y regalarse un momento de libertad absoluta sobre el mar.

Puesta a punto del motor.

El acelerador de mano que controla la velocidad de la tabla.


Fotografías: José Antonio Mayo
Video: Alex Gálvez