13 septiembre, 2026

Matalascañas: verano de 1929

PLAYAS DE CASTILLA
Simpática viñeta de El Liberal
Mazagón Beach, 13/09/26
José Antonio Mayo

Transcripción literal del artículo publicado en el periódico El Liberal el 25 de agosto de 1929: 

Anualmente, á orillas del mar, surge espontáneo un pueblecito de junco donde se ha abolido la tiranía de las molestias sociales

Playas de Castilla las denominó la Reina Católica.

Tal vez pensara, al llamarlas así, cómo se engrandecería su reino disponiendo de aquella interminable cinta de blanca arena, bañada por las aguas del Atlántico.

A través de los siglos, las playas de Castilla han variado continuamente de estructura, sujetándose á los caprichos del viento, que mueve á su albedrío la finísima arena, convirtiendo en llanura lo que antes fue elevado montículo.

Paralelamente á esta labor caprichosa, un grupo de personas, cada vez más numeroso, hasta pasar de varios millares, se ha establecido periódicamente en aquellos lugares, dejándose llevar, como las arenas, por una existencia tranquila, completamente natural, olvidando por un corto espacio de tiempo las tiránicas costumbres sociales.

Matalascañas, fragmento de las playas de Castilla, bautizado así como tantos otros con diversos nombres, sin duda por viejos lobos de mar, es la playa más original que existe en España. Núcleos de habitantes de Almonte, Escacena, Paterna, Pilas, Carrión, Villamanrique y otros pueblos comarcanos, acuden a Matalascañas durante la canícula en busca de un injerto de salud con el que reparar el desgaste que produce la labor cotidiana.

A mediados  de Junio, un par de familias se destaca, como vanguardia de la colonia veraniega, y comienza en la playa de Matalascañas la laboriosa tarea de construir las chozas que han de servir de albergue á los veraneantes.

La colonia está constituida casi en su totalidad por las mismas familias que concurren allí desde tiempo inmemorial. Los hijos heredan de sus padres esta costumbre que sólo dejan de cumplir en casos excepcionales y muy á pesar suyo.

Así, pues, entre los “playeros” reina estrecha amistad, que se fortalece todavía más por la influencia del ambiente.

De antemano encargan á los “choceros” su “palacio” de junco, especificando la extensión, en varas, que ha de ocupar, departamentos y demás circunstancias que debe reunir.

Con arreglo á estos “planos”, los “choceros” comienzan su labor, que se prolonga hasta después de la segunda quincena de Julio, fecha en que comienzan á llegar los primeros veraneantes.

Las chozas se construyen en línea paralela al mar y á corta distancia de la de mayor altura que pueden alcanzar las aguas en la creciente. El apunte que ilustra estas líneas, obra del notable dibujante y asiduo “playero” Martín Feria, da una idea exacta del poblado. Al fondo del mismo se levanta orgullosa, como rascacielos, la única casa de mampostería que existe en Matalascañas, dedicada á casa-cuartel de Carabineros.

Diariamente se sacrifican terneras, que pastan en el coto Doñana. Las frutas y hortalizas llegan diariamente de los pueblos cercanos. El pescado se obtiene á la vista de los veraneantes, que acuden á la salida del copo para proveerse.

Matalascañas reúne, pues, todas las condiciones necesarias para la vida, aunque sea en un plan un tanto rudimentario; pero esta circunstancia constituye, sin duda, un nuevo acicate para los que sólo buscan en el verano un motivo de descanso reparador, que fortalezca su existencia, para poder seguir librando la cotidiana batalla de la vida.

Matalascañas está llamada á ser la playa de Andalucía, cuando la civilización, en forma de camino de hierro, ahuyente para siempre las manadas de ciervos que cruzan tranquilamente por la marisma, en espera de divertir un día al poderoso terrateniente.

Entretanto, y aunque parezca paradógico, los “playeros” se sienten felices de que las dificultades del camino, que para ellos constituyen divertidas incidencias,  mantengan alejados de aquellos lugares á los veraneantes “bien”.

La ciudad de junco tiene también “casinos”. Chozas de mayores dimensiones, donde á más de la desvencijada estantería hay un gramófono que parece haber descubierto el movimiento continuo. Los veraneantes acuden a saborear el rico “moka” y después se forman partidas de tresillo, de dominó y otros juegos.

Predominan las primeras entre lo más distinguido de la colonia

—¡Mi niño, qué, de sólos! —exclamaría un conocido vinatero de Pilas.

Por la noche también se ve muy concurrido el “casino”, organizándose bailes y otras diversiones.

De los playeros “1929” quien ha acaparado la simpatías y los afectos de todos ha sido el simpático amigo Juan Bautista Muñoz, en cuyo famoso chozo “El Laberinto” se cumplía de un modo admirable la máxima cristiana de “dar de comer al hambriento, de beber al sediento y posada al peregrino”.

Simpático, jovial, servicial en extremo, Juan Bautista se excedía con todos cuantos llegaban a Matalascañas, y a los que llegábamos por primera vez nos iniciaba en los “secretos” de la playa, que no son pocos, y todos ellos de interés.

¿Qué haría un neófito sin el auxilio de Juan Bautista?

Su actuación ha sido tal, que si Matalascañas llega á ser un día poblado, el primer monumento que tenga será para el cordialísimo amigo de Carrión, idea que la colonia veraniega siente con gran cariño.

A primeros del próximo Septiembre las marismas del coto Doñana se ven cruzadas en todas direcciones por pesados carros que al tiro de mulas apenas si pueden arrastrar..

Los veraneantes han dejado por un momento su risa en el mar de esmeralda. La ciudad de junco desaparece como por encanto y las arenas tornan á moverse, dejando un nuevo suelo para el año venidero.

Juan de Priego