Transcripción literal del artículo publicado en el periódico El Liberal el 25 de agosto de 1929:
Anualmente, á orillas
del mar, surge espontáneo un pueblecito de junco donde se ha abolido la tiranía
de las molestias sociales
Playas de Castilla las
denominó la Reina Católica.
Tal vez pensara, al llamarlas
así, cómo se engrandecería su reino disponiendo de aquella interminable cinta
de blanca arena, bañada por las aguas del Atlántico.
A través de los siglos,
las playas de Castilla han variado continuamente de estructura, sujetándose á
los caprichos del viento, que mueve á su albedrío la finísima arena,
convirtiendo en llanura lo que antes fue elevado montículo.
Paralelamente á esta
labor caprichosa, un grupo de personas, cada vez más numeroso, hasta pasar de
varios millares, se ha establecido periódicamente en aquellos lugares,
dejándose llevar, como las arenas, por una existencia tranquila, completamente
natural, olvidando por un corto espacio de tiempo las tiránicas costumbres
sociales.
Matalascañas, fragmento
de las playas de Castilla, bautizado así como tantos otros con diversos
nombres, sin duda por viejos lobos de mar, es la playa más original que existe
en España. Núcleos de habitantes de Almonte, Escacena, Paterna, Pilas, Carrión,
Villamanrique y otros pueblos comarcanos, acuden a Matalascañas durante la
canícula en busca de un injerto de salud con el que reparar el desgaste que
produce la labor cotidiana.
A mediados de Junio, un par de familias se destaca, como
vanguardia de la colonia veraniega, y comienza en la playa de Matalascañas la laboriosa
tarea de construir las chozas que han de servir de albergue á los veraneantes.
La colonia está
constituida casi en su totalidad por las mismas familias que concurren allí
desde tiempo inmemorial. Los hijos heredan de sus padres esta costumbre que sólo
dejan de cumplir en casos excepcionales y muy á pesar suyo.
Así, pues, entre los
“playeros” reina estrecha amistad, que se fortalece todavía más por la
influencia del ambiente.
De antemano encargan á
los “choceros” su “palacio” de junco, especificando la extensión, en varas, que
ha de ocupar, departamentos y demás circunstancias que debe reunir.
Con arreglo á estos
“planos”, los “choceros” comienzan su labor, que se prolonga hasta después de
la segunda quincena de Julio, fecha en
que comienzan á llegar los primeros veraneantes.
Las chozas se
construyen en línea paralela al mar y á corta distancia de la de mayor altura
que pueden alcanzar las aguas en la creciente. El apunte que ilustra estas
líneas, obra del notable dibujante y asiduo “playero” Martín Feria, da una idea
exacta del poblado. Al fondo del mismo se levanta orgullosa, como rascacielos,
la única casa de mampostería que existe en Matalascañas, dedicada á
casa-cuartel de Carabineros.
Diariamente se
sacrifican terneras, que pastan en el coto Doñana. Las frutas y hortalizas
llegan diariamente de los pueblos cercanos. El pescado se obtiene á la vista de
los veraneantes, que acuden á la salida del copo para proveerse.
Matalascañas reúne,
pues, todas las condiciones necesarias para la vida, aunque sea en un plan un
tanto rudimentario; pero esta circunstancia constituye, sin duda, un nuevo
acicate para los que sólo buscan en el verano un motivo de descanso reparador,
que fortalezca su existencia, para poder seguir librando la cotidiana batalla
de la vida.
Matalascañas está
llamada á ser la playa de Andalucía, cuando la civilización, en forma de camino
de hierro, ahuyente para siempre las manadas de ciervos que cruzan
tranquilamente por la marisma, en espera de divertir un día al poderoso
terrateniente.
Entretanto, y aunque
parezca paradógico, los “playeros” se sienten felices de que las dificultades
del camino, que para ellos constituyen divertidas incidencias, mantengan alejados de aquellos lugares á los
veraneantes “bien”.
La ciudad de junco
tiene también “casinos”. Chozas de mayores dimensiones, donde á más de la
desvencijada estantería hay un gramófono que parece haber descubierto el
movimiento continuo. Los veraneantes acuden a saborear el rico “moka” y después
se forman partidas de tresillo, de dominó y otros juegos.
Predominan las primeras
entre lo más distinguido de la colonia
—¡Mi niño, qué, de
sólos! —exclamaría un conocido vinatero de Pilas.
Por la noche también se
ve muy concurrido el “casino”, organizándose bailes y otras diversiones.
De los playeros “1929”
quien ha acaparado la simpatías y los afectos de todos ha sido el simpático
amigo Juan Bautista Muñoz, en cuyo famoso chozo “El Laberinto” se cumplía de un
modo admirable la máxima cristiana de “dar de comer al hambriento, de beber al
sediento y posada al peregrino”.
Simpático, jovial,
servicial en extremo, Juan Bautista se excedía con todos cuantos llegaban a
Matalascañas, y a los que llegábamos por primera vez nos iniciaba en los
“secretos” de la playa, que no son pocos, y todos ellos de interés.
¿Qué haría un neófito
sin el auxilio de Juan Bautista?
Su actuación ha sido
tal, que si Matalascañas llega á ser un día poblado, el primer monumento que
tenga será para el cordialísimo amigo de Carrión, idea que la colonia veraniega
siente con gran cariño.
A primeros del próximo
Septiembre las marismas del coto Doñana se ven cruzadas en todas direcciones
por pesados carros que al tiro de mulas apenas si pueden arrastrar..
Los veraneantes han
dejado por un momento su risa en el mar de esmeralda. La ciudad de junco
desaparece como por encanto y las arenas tornan á moverse, dejando un nuevo
suelo para el año venidero.
Juan
de Priego
