José Antonio Mayo Abargues
La playa del Vigía, en
Mazagón, amaneció ayer cubierta de salpas, que quedaron en la orilla a merced
del oleaje antes de regresar de nuevo al mar. Se trata de un fenómeno natural
más habitual en el Mediterráneo que en la costa onubense, aunque no es extraño
que se produzcan episodios puntuales favorecidos por los temporales y las
corrientes marinas.
Las salpas son animales
marinos invertebrados, transparentes y de aspecto gelatinoso, que se suelen
confundir con las medusas. Sin embargo, a diferencia de estas, son inofensivas,
ya que no tienen células urticantes, por lo que podemos estar en la playa con
total tranquilidad porque no suponen ningún riesgo para el baño.
Pese a su apariencia,
poco atractiva para algunos por su viscosidad, las salpas desempeñan un papel
fundamental en el ecosistema marino. Se alimentan de fitoplancton y otras
partículas en suspensión, contribuyendo a mantener la calidad y claridad del
agua. Además, forman parte de la cadena trófica, sirviendo de alimento a
especies como tortugas marinas y diversos peces.
Un fenómeno curioso que, más allá de su impacto visual, refleja el dinamismo y la riqueza del medio marino que rodea la costa de Mazagón.



