Como cada 29 de mayo, la comunidad educativa local ha participado en el entrañable homenaje al genio lírico haciendo lo que sin duda más le hubiese agradado, esto es, mantener viva su memoria a través de su obra poética, y agasajarlo con flores amarillas que para el poeta eran el símbolo del dorado despertar a la vida que nos trae la primavera.
Pese al calor reinante, los chavales se dieron cita en el cementerio que tanto gustaba recorrer al poeta en sus arrebatos nostálgicos, y leyeron sus poemas con enorme emoción y admiración hacia uno de los autores que más y mejor supieron cantar las bondades de la infancia, y que más cercano se sintió siempre a los niños y niñas.
Precisamente la “Advertencia a los hombres que lean este libro para niños” que abre su universal obra Platero y Yo, nos define con toda claridad la cercanía que Juan Ramón tuvo siempre hacia ellos:
“Este breve libro, en donde la
alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito
para...¡qué sé yo para quién!...para quien escribimos los poetas líricos...
Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien!.
“Dondequiera que haya
niños --dice Novalis--, existe una edad de oro”. Pues por esa edad de oro, que
es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se
encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que
abandonarla nunca.
!Isla de gracia, de frescura y
de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de
duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el
trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!.”
Además del alumnado moguereño, también asistieron y participaron en el entrañable homenaje al Nobel el alcalde y actual presidente de la Fundación Zenobia-JRJ, Gustavo Cuéllar, el gerente de la entidad, Antonio Ramírez, y varios concejales del equipo de gobierno.
Todos los chavales que participaron en la lectura recibieron junto a sus profesores un entrañable recuerdo de su participación en el acto consistente en un frasco de cristal conteniendo virutas y serrín del Pino de Fuentepiña que desgraciadamente se perdió el pasado año debido a los daños ocasionados por los temporales.
Finalizada la actividad en el
cementerio, el emblemático árbol bajo cuya copa fue enterrado el burrillo que
inspiró el universal personaje de Platero, ha seguido siendo protagonista de la
conmemoración del aniversario de la muerte de Juan Ramón al colocarse en su
Casa Museo secciones de su tronco, de la cruz de las ramas y de una de ellas
que, de alguna manera, perpetuarán su memoria ocupando un lugar destacado en el
itinerario museográfico por el espacio juanramoniano.


