Pareja de flamencos ©Shutterstock
Fuente: SEO BirdLife
Por su notable tamaño y su peculiar aspecto, el flamenco común resulta posiblemente la más espectacular de todas las aves acuáticas que pueblan nuestros humedales. Su estilizada silueta puede ser vista en muchos de los enclaves húmedos costeros mediterráneos y sur atlánticos, destacando el Delta del Ebro y Doñana, así como en ciertas lagunas del interior, como la malagueña de Fuente de Piedra —donde se asienta su principal colonia de cría en España y una de las más importantes de todo el Mediterráneo— o en diversas localidades manchegas.
Según los últimos censos de SEO/BirdLife realizados en 2021, más de 20.000 parejas reproductoras de flamenco común eligen nuestro país para nidificar, llegando incluso a alcanzar las 30.000 en años favorables como 2017. Por otro lado, la población mundial de esta ave se ha estimado en 550.000-680.000 individuos reproductores (BirdLife International, 2024), de los cuales 71.800-265.000 nidificarían en Europa (BirdLife International, 2021); cifras que, pese a su abundancia global, no impiden que se considere una especie casi amenazada.
¿Por qué se mueven? El patrón tras la reproducción
Durante los meses de primavera y verano, las poblaciones de flamenco común permanecen concentradas en sus puntos de nidificación habituales, supeditadas al nivel de agua y a la disponibilidad de alimento para sacar adelante a sus pollos. Sin embargo, una vez concluida la temporada de cría, se activa un importante patrón dispersivo y migratorio.
El otoño y el final del invierno marcan las fases de mayor movilidad para la especie. Estos desplazamientos no siguen una ruta estrictamente lineal de norte a sur, sino que responden a una dinámica nomádica y metapoblacional conectada por toda la cuenca del Mediterráneo y el noroeste de África.
Leer más: SEO BirdLife
