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05 abril, 2026

Vestigios del pasado en la playa de Mazagón

 Unas ruinas que invitan a la reflexión

José Antonio Mayo Abargues

En la tranquila playa de Ciparsa, en Mazagón, junto al puerto deportivo, aún pueden contemplarse los restos de antiguas escolleras y las cimentaciones de construcciones desaparecidas hace ya varias décadas bajo los embates del mar. Hoy, parcialmente cubiertos por la arena y modelados por la acción constante del viento y las mareas, estos vestigios se integran en el paisaje como testigos silenciosos del pasado, evocando una etapa en la que la relación entre el ser humano y el litoral se materializaba en obras destinadas a proteger la costa.

Las escolleras, junto con los espigones construidos de forma perpendicular a la línea de costa, fueron levantadas en una época en la que el litoral comenzaba a experimentar importantes transformaciones. El crecimiento de las actividades humanas en la franja costera y la preocupación por la erosión de las playas impulsaron la construcción de estas infraestructuras, concebidas como elementos de defensa frente al avance del mar.

La función principal de estas estructuras era amortiguar el impacto de los temporales y estabilizar determinados tramos del litoral especialmente vulnerables, intentando frenar la pérdida de arena y proteger el terreno cercano. Durante un tiempo cumplieron su cometido, formando parte del paisaje cotidiano de esta zona del litoral onubense.

Sin embargo, el paso del tiempo y la propia dinámica natural de la costa terminaron imponiéndose. El litoral es un sistema vivo y cambiante, condicionado por la acción combinada de temporales, corrientes marinas, mareas y desplazamientos de arena. Estos procesos naturales fueron transformando progresivamente el entorno, debilitando las estructuras y reduciendo su funcionalidad hasta quedar, finalmente, como restos dispersos entre la arena.

Hoy, nuevos fragmentos de estas construcciones emergen ocasionalmente tras los temporales o las grandes mareas, recordando que la costa está en permanente transformación. La arena cubre y descubre estas huellas del pasado, integrándolas poco a poco en el paisaje natural.

Lejos de resultar elementos ajenos, estas estructuras invitan a reflexionar sobre la fragilidad del litoral y sobre la compleja relación entre la intervención humana y los procesos naturales. No son simples ruinas: representan la memoria material de otra época y un recordatorio de que el mar, con el paso del tiempo, siempre termina moldeando el territorio a su manera.

Fotografías y video: J.A. Mayo

18 marzo, 2026

Sopla brisa de primavera en el icónico puente del Vigía, en Mazagón

Puente del Vigía, Mazagón // José A. Mayo

José A. Mayo Abargues

Con la llegada de los primeros días templados, en el puente del Vigía, uno de los lugares más emblemáticos de Mazagón, se comienza a respirar ambiente de primavera. La suave brisa marina, el sonido del agua y la luz cada vez más cálida del sol dibujan una estampa que invita a pasear y a disfrutar del entorno natural que rodea este conocido enclave.

El puente del Vigía es frecuentado principalmente por aficionados a la pesca deportiva, así como por numerosos vecinos y visitantes que se acercan atraídos por la tranquilidad que ofrece este espacio. Desde este punto privilegiado se pueden contemplar los pinares cercanos y observar el constante ir y venir de las embarcaciones que navegan por la ría de Huelva.

Además, este enclave se ha convertido en un lugar ideal para detenerse y disfrutar de las espectaculares puestas de sol que regala este rincón onubense. En ese momento del día, cuando el cielo se tiñe de tonos anaranjados y rojizos, el puente del Vigía ofrece una imagen serena y evocadora, donde el tiempo parece transcurrir con calma, al ritmo de la brisa que llega del mar.

02 marzo, 2026

Los zacayones de Doñana rebosan vida

Zacayón rebosando en el paraje de La Higueruela, entorno de Doñana (término de Almonte).

José Antonio Mayo Abargues

En el entorno del Parque Nacional de Doñana, los zacayones vuelven a mostrar su mejor imagen tras las últimas lluvias. Estas charcas profundas, algunas de origen natural y otras excavadas por el hombre, cumplen una función esencial: garantizar el abastecimiento de agua al ganado y a la fauna silvestre durante los meses más secos del año.

Cuando el régimen de lluvias es favorable, los zacayones se convierten en auténticos oasis para vacas, caballos, ciervos, jabalíes y numerosas aves, que encuentran en ellos un recurso esencial para hidratarse y descansar.

Sin embargo, en periodos de sequía extrema, cuando el nivel freático desciende y el agua no llega a aflorar desde el acuífero, la escena cambia por completo. Los animales, movidos por la necesidad, escarban en el centro de las charcas en busca de la humedad que les permita sobrevivir, dejando visibles huellas de su lucha contra la escasez.

Hoy, con los zacayones llenos, Doñana recupera una estampa de esperanza. Estas pequeñas reservas ponen de relieve la importancia del agua para la vida y el equilibrio del ecosistema de este espacio único.

Mismo zacayón en noviembre de 2024.

28 diciembre, 2025

ANTONIO SUÁREZ: UNA HISTORIA DE HEROISMO EN EL OLVIDO

El 5 de diciembre de 1958, un barco onubense se hundió frente a las costas saharauis. Unos minutos antes, Antonio Suárez, un marinero de Mazagón, salvó a los 14 marineros de la tripulación. En 2007 hice un viaje para encontrar el lugar del naufragio.  

Sáhara Occidental. Autora: Pepa Suárez, 2007
Mazagón Beach, 28/12/25
Pepa Suárez

La desembocadura del río Draa en el Atlántico, frontera natural e histórica con Marruecos, anuncia la entrada en territorio saharaui ocupado.  A partir de ese punto, el ocre áspero del relieve escarpado, que asoma al océano, va dejando paso a las cadenas de suaves dunas con formas caprichosas, abrazadas a sí mismas y moldeadas por los fríos y persistentes vientos alisios.

Es difícil imaginar que los más de mil kilómetros de costa saharaui disfruten de un clima suave en los meses estivales, cuando la dureza del paisaje desértico hace presagiar lo contrario. El manto protector de esos frescos susurros marinos provenientes de las Azores, que se despliega como un regalo de la Naturaleza en una tierra ardiente, hace que muchas familias saharauis se desplacen desde el interior, con todas sus pertenencias, para vivir en confortables jaimas a lo largo de la costa.

Sin embargo, lo que en tierra se agradece, en el mar se convierte en un riesgo. La costa saharaui está salpicada de barcos embarrancados empujados por las corrientes hacia los numerosos bancos de arena del fondo marino.

La soledad del Sáhara Occidental es tan inquietante como enigmática. El chasquido de la arena contra nuestros vehículos se convirtió en único compañero de viaje y, a veces, el sol se teñía de rojo y llovía barro.

La carretera que va de Layoun a Dakhla, y que recorre unos interminables trescientos kilómetros, apenas registraba tráfico. Solo nos cruzábamos con pesados camiones frigoríficos repletos de pescado y eso nos recordaba que estábamos frente al mejor caladero del Atlántico, objeto de la codicia marroquí y europea. 

A veces aparecían manadas de camellos cruzando la carretera como señores todopoderosos y recordándonos que la prisa no existe en el desierto.

A esas alturas de viaje la arena se incrustaba en nuestra piel y resecaba nuestras gargantas. “¿Profesión?, ¿motivo del viaje?” preguntan, con insistencia, en los numerosos controles policiales del Sáhara ocupado después de rellenar una extensa ficha con todos los datos de nuestros pasaportes. Los periodistas no son bienvenidos, como tampoco los viajeros por razones humanitarias. Los ocupantes solo desean un turismo aséptico que se tape los ojos y oídos ante muchos años de tropelías.

Mi viaje tenía un objetivo que se convirtió en una obsesión: encontrar el lugar  donde el barco onubense “Costa Guipuzcoana” encalló hace 50 años a unas veinte millas al norte de Cabo Jubi (Tarfaya).

La madrugada del 5 de diciembre de 1958 este barco pesquero fue arrastrado por las fuertes corrientes hacia la costa. Unas horas antes de hundirse, Antonio Suárez, uno de los catorce hombres de la tripulación, decidió amarrarse un cabo a la cintura y echarse a la mar en busca de tierra a la que llegó exhausto con el cuerpo destrozado por el choque violento contra las rocas.

En su titánico empeño, y mientras luchaba contra la fuerza de las olas en medio de la oscuridad, le sobrevino el recuerdo infantil de su madre cuando asistía a los náufragos de Sanlúcar que encallaban frente a las costas de Mazagón. Casualmente, “Zorro Playa”, como así le llamaban los españoles a este hombre saharaui, divisó el barco y ayudó a Antonio, ya en tierra, a amarrar el cabo a una roca por el que pudo salvarse el resto de la tripulación.

Cinco minutos después de saltar el último hombre, el Costa Gipuzcoana se hundió para siempre. Zorro Playa murió hace tres años según me cuentan los saharauis de Layoun que le conocieron y los ojos de Antonio, mi padre, apenas le permiten ver hoy las fotos recientes de aquel lugar que guarda una historia anónima, llena de solidaridad y heroísmo, como muchas otras que han acompañado a los hombres de la mar.   

*Este relato se publicó en el antiguo “Odiel” el 22 de agosto de 2007. 

06 noviembre, 2024

Doñana y su entorno recobran el esplendor

Arroyo de La Rocina
José Antonio Mayo Abargues
06 noviembre 2024
Decía hace unos días en el artículo Doñana ha salido de otras peores, que no había que alarmarse porque el otoño había llegado con buenas intenciones, y así lo confirman estas imágenes tomadas el pasado domingo en diferentes lugares del entorno de Doñana.

Después de las últimas lluvias el agua fluye generosamente por todos los afluentes que dan vida al arroyo de La Rocina, el que más agua aporta a la Madre de las Marismas.

Esta agua ha caído sobre un suelo ya hidratado por las anteriores lluvias y ya no debemos hablar de un “respiro”, sino de una importante recuperación del paisaje del Espacio Natural de Doñana.

Arroyo de Rocineta
Arroyo Don Gil
Arroyo de La Rocina
Arroyo Don Gil

29 enero, 2023

Viajando por la costa

El puerto de Huelva

Artículo publicado en julio de 1926 en la revista España Marítima (Biblioteca Nacional de España)

Pero Huelva, un poco arrinconada sobre la frontera portuguesa, deja pasar los días y los años... Vive de su glorioso pasado. Lo futuro, o no le interesa, o no lo adivina. Esta población, brillante, como hecha con el cobre de sus minas, sueña, como toda Andalucía. En vez de tejer su futura grandeza, se entretiene en destejer, ante los ojos extraños, su grandeza pasada... 

Transcripción del artículo

Desde el Monasterio de Santa María de la Rábida vio Colón la América fabulosa. España, ciega, no ve que Huelva es uno de los puertos más hermosos y más importantes del Océano. Si Huelva estuviera unida a España y a Europa por importantes vías; si al puerto se le diera cuanto ha menester; si Huelva tuviera la protección del Estado y la de sus hombres y supiera darse cuenta de su privilegiada situación, a buen seguro que en poco tiempo sería uno de los puertos más importantes del mundo. Está en la ruta de América y es el puerto más seguro que se ofrece a los navegantes. Tiene una gran base comercial y un claro porvenir. Pero Huelva, un poco arrinconada sobre la frontera portuguesa, deja pasar los días y los años... Vive de su glorioso pasado. Lo futuro, o no le interesa, o no lo adivina. Esta población, brillante, como hecha con el cobre de sus minas, sueña, como toda Andalucía. En vez de tejer su futura grandeza, se entretiene en destejer, ante los ojos extraños, su grandeza pasada... Los esfuerzos que realizan unos cuantos hombres, perfectamente orientados, caen en el vacío.

Muy cerca de Huelva, Ríotinto es como la inmensa boca de un infierno; la riqueza está debajo de la tierra. Más allá de Huelva, por la costa, está Isla Cristina, la Isla de Arena otros días, península hoy fantástica e inverosímil, que las mareas besan, y donde la actividad del hombre, para ejemplo del hombre, creó una gran riqueza sobre la arena...

Huelva es, a pesar de esto, una ciudad olvidada en la costa. La descubrió Colón antes que América. Después la han descubierto los ingleses. Si creció un poco no fué por su voluntad, sino porque el cobre de sus minas y la plata de sus peces dejaron algo al paso... En Huelva, además de estos problemas esenciales, existe, como en toda la costa, el problema del pescador. Aquí es también analfabeto el hombre del mar y vive al margen de la civilización, explotado por «lobos de tierra». Los «lobos marinos», que se levantan sobre sus endebles embarcaciones para amedrentar al Atlántico cuando se enfurece, tiembla ante el explotador. Les dan la pesca capturada tras de infinitas zozobras y perciben un miserable despojo. A éste le llaman ellos «ir a la parte». La parte del pescador es siempre la pobre vaca flaca.

El pescador es víctima de dos influencias en pugna: el mar le arroja a la playa; la tierra, al mar. Se inscribe al nacer en el Registro civil. Por este acto queda sujeto a las leyes de la nación. Pero la nación lo olvida, y él, en venganza, olvida su nombre. El pescador tiene un apodo siempre. El Estado, a cuenta de este nombre, hace sus estadísticas, sus inscripciones; opera a base de un súbdito, a quien, por el hecho de estar sometido a cumplir deberes para con la Patria, debe ofrecerla las garantías de las leyes. Sólo que luego se olvida de sus deberes, y el pescador hace lo que puede para eludir los suyos. Los millares de pescadores que hay repartidos por las costas incorporados a la vida civil en todos sus aspectos, explotando el mar científicamente y sirviendo de avanzada al progreso del país, prestarían un concurso extraordinario de España. La nación, sorda ante sus dolores, los ve luchar insensiblemente. El esfuerzo que realiza la Caja Central de Crédito Marítimo para cooperar a su redención es digna de aplauso; pero no basta. Nos hemos acostumbrado a verlos sucios, desgreñados y fieros, luchar con los temporales. Leemos indiferentes la crónica de los naufragios, sin pensar que la familia del pescador muerto en lucha bárbara con el mar no percibe indemnización alguna. Además, no tenemos piedad de él porque es borracho; porque si no muere en el mar, muere alcoholizado. Este es gran crimen. El alcohol lo tiene en pie sobre la barca. Come o no, según la pesca es buena o mala. Bebe por necesidad, para rendir su larga jornada.

Con diez céntimos no se compra un pan; pero se compra un poco de alcohol. Es preciso darle el pan que necesita antes de arrebatar de sus manos la copa de aguardiente. El no tiene la culpa de que sus explotadores, a cambio de su rudo trabajo, le ofrezcan diariamente un poco de veneno...

RODOLFO VIÑAS

15 agosto, 2022

La ciudad del eucalipto de Huelva está desierta: "Me mata la pena. Hoy solo hay ruinas"

 El poblado de Cabezudos se creó para cultivar este árbol, extraer sus materias primas y reforestar España. Mucha gente vivió y creció allí durante décadas, hasta que desapareció: "No sabíamos que sería devastador".

Vista general del poblado de Cabezudos, actualmente abandonado. (Ana Ramírez Torres)

Fuente: www.elconfidencial.com

Por Lourdes Barragán

Cabezudos "se creó para cultivar eucalipto. Lo que no sabíamos es que sería devastador". Pepa Rubiño es quien lanza esta reflexión sobre el sitio en el que nació, creció y se enamoró. Ella y su marido, Joaquín, viven ahora en otro lugar, pero se conocieron siendo vecinos del poblado forestal de Cabezudos, en la provincia de Huelva y situado en el entorno de Doñana. Sus familias llegaron allí cuando, en los años 40, tocó reforestar un país arrasado por la Guerra Civil. Entonces se puso en marcha un Plan Nacional de Repoblación para revitalizar casi 600.000 hectáreas en el próximo siglo. Hoy no queda nada.

Para lograrlo, hacían falta árboles que crecieran rápido. Extraer suficiente madera. Y las plantaciones de eucalipto, una especie importada que no crece en España, fueron parte de la solución. A Cabezudos, tiempo atrás y cuando aún no había conciencia de las limitaciones de recursos, los trajo una empresa holandesa hace casi cien años. Como estaba situado cerca del mar, la compañía –que ya tenía fincas de eucalipto en otras zonas como Australia– lo compró para expandir su negocio. Así lo hicieron hasta los años 40, cuando Franco, que acababa de hacerse con el control del país, adquirió este y otros terrenos cercanos.

Leer más en www.elconfidencial.com

26 febrero, 2021

La falsa historia de La Verdina

En esta historia publicada en la enciclopedia Wikipedia, en la que el autor implica directamente a los términos municipales de Moguer y Almonte, se vierten  una serie de afirmaciones que no corresponden a la verdad.

La citada publicación hace referencia a una población llamada La Verdina, situada, según su inventiva, entre el núcleo urbano de Mazagón y el Parador Nacional de esta población, y que pertenece al término municipal de Almonte.

La Verdina, entre Mazagón y el Parador, donde el autor de la historia sitúa a este núcleo de población fantasma

La Verdina es un núcleo de población de la provincia de Huelva. Es considerado un enclave puesto que se sitúa entre el núcleo de Mazagón y el Parador Nacional de dicha localidad. Se encuentra delimitada por pinares al norte, Mazagón al este y al oeste y por el Océano Atlántico al sur, sureste y suroeste. Desde 2020 pertenece a la Mancomunidad de Almonte, compartiendo partido judicial con Matalascañas.

Según su autor, La Verdina tiene cuatro núcleos de población y 616 habitantes, gobernados por un alcalde llamado Rubén De Vigo, ex militante del PP de Almonte, ahora integrado en el Partido Local Verdense PLV. Sus fiestas mayores son la Romería del Carmen y la Romería del Rocío. Los verdenses, gentilicio por el que se conoce a estos vecinos, rinden culto en la única parroquia que tienen a su patrona, Ntra. Señora del Carmen, una serie de mentiras que falsean la historia de Moguer y Almonte con datos inexistentes.

Lo leí varias veces y no salía de mi asombro, tenía la sensación de haber despertado de un largo coma y de haberme encontrado con un mundo muy cambiado y con una población que yo no conocía. Sin duda alguna, la credibilidad de Wikipedia, la mayor y más popular obra de consulta de Internet, deja mucho que desear.

Si buscamos en Google Maps, podremos comprobar que hay una zona denominada La Verdina, situada en la playa del Arroyo Julianejo, que es donde se habrá inspirado este individuo para crear la historia, una historia que merece el primer premio en un concurso de relatos de ficción.

El autor de este bulo hace referencia a varios enlaces, supuestamente para engañar al sistema de Wikipedia, ya que en ninguno de ellos se cita a este  “núcleo de población fantasma”. Es decir, que no hay ninguna base documental que acredite su veracidad.

Considerando que este era un asunto demasiado serio y que no se podía seguir por más tiempo engañando a los usuarios de Wikipedia, el 9 de noviembre del pasado año lo puse en conocimiento de los ayuntamientos de Moguer y Almonte, para que esta publicación fuera retirada de la enciclopedia a la mayor brevedad posible, pidiéndoles que me informaran sobre las gestiones realizadas. Ni el alcalde de Moguer, ni la alcaldesa de Almonte se han dignado en contestar a mi carta, aunque me consta que han tomado buena nota de mi sugerencia, ya que he podido comprobar que la página fue eliminada a las 02:32h del día 4 de enero por los bibliotecarios de Wikipedia, que son los únicos que disponen de las herramientas necesarias para borrar páginas. El artículo ha sido considerado por Wikipedia como bulo y fraude.

En Google continúa apareciendo una breve reseña del artículo, aunque ya no se puede acceder al sitio web. Esta reseña estará visible hasta que Google actualice los índices y desaparezca de la memoria caché.

Ir a La Verdina


J. A. Mayo

07 marzo, 2020

NAVEGANDO SOLA



Con la pleamar apareció una mañana varada en la playa, anónima, sin folio ni letras que la pudieran identificar, alguien clavó su oxidado rezón próximo a la duna y se mantuvo al ritmo de las aguas, entre flota y descansa en la arena, hora proa al este hora proa al oeste pero, eso sí, siempre muy marinera con sus estabilizadores para dificultar la zozobra, blanca y azul, unos dos metros y medio de eslora a los que poco tardaron en robarle el tablón que conformaba el asiento central.

No obstante, y a pesar de que a alguno se le ocurrió cambiar el ancla hacia la línea orillada en bajamar, ella, algo más expuesta a la corriente comenzó a navegar un poco con los cambios de corriente que hacían garrear por el fondo el rezón de araña, día tras día, noche tras noche, constante, impasible y terca, obstinada en recalar.

La verdad es que la busco con la mirada cada mañana y me apena verla enfrentarse a las rocas que aun afloran de algún pequeño espigón, eso sí,siempre orgullosa, altiva y firme, esperando que la hunda un temporal, alguna ola traicionera o poder llegar a Puerto Barato para ser recuperada o morir en el lugar.

Poco imaginará su dueño, aquél que disfrutara de jornadas marineras con su bonita patera que, ella espera y espera, mientras navega sola, que la vengan a buscar.

                                                                                                             Federico Soubrier

01 julio, 2017

LAS LLAMAS DE MAZAGÓN

Difícil describir la impotencia que sientes cuando lo tuyo, algo que admiras y aprecias, se va consumiendo entre llamas, amenazando además las vidas y pertenencias de tus amigos.

No es casualidad que viva en Mazagón. Lo elegí  pudiendo trabajar en cualquier provincia de España, supongo que eso lo dice todo, este marco incomparable me atrapó, y aunque el fuego lo maltratase, al igual que cualquier obra maestra que pierde un segmento, sigue siendo arte, afortunadamente a día de hoy, este entorno continua presentándose como un paraje de belleza incalculable.

Vaya por delante nuestro agradecimiento a todos los profesionales que han intervenido activamente en las labores de extinción.

Tengo que decir que me parece lamentable que los pertinentes portavoces de las autoridades nos intentasen engañar con que los focos comenzaron de las nueve en adelante, somos cientos los testigos de que se inició horas antes. Esto se le fue a alguien de las manos, sin duda. ¿Qué tranquilidad podemos tener en el nuestro devenir diario?

Lo del tema de los bomberos del Consorcio poco menos que de juzgado de guardia, no requerir su colaboración, es más rechazarla cuando puede haber hasta vidas en peligro, presentándose estos hasta voluntarios sin cobrar. Supongo que la ventaja que tiene venir al mundo no teniendo luces es que probablemente acabarás dando órdenes. Hablamos de un desastre ecológico que se podría haber llevado vidas humanas por delante, por cercanía, la de esos asentamientos de inmigrantes, escondidos entre pinos, de los que poco se ha oído, que bullían camino al  polideportivo de nuestra localidad.

La ley establece un plazo de quince días después del suceso para declarar una zona como catastrófica y poner en marcha el plan de ayuda en ella establecido. Estamos hablando de que han ardido más de ocho mil hectáreas de bosque y matorral, vehículos calcinados e importantes daños a instalaciones.

Dicen que aquí no se puede declarar Zona Catastrófica porque solo se ha quemado una casa. Tal vez si le añadimos las pérdidas de trabajo en el camping, los miles de kilos de piña que no se podrán recolectar, junto a los jornales a ese efecto que se dejarán de pagar, las cajas y reservas de hoteles con miles de usuarios, o que no se han acercado a realizar sus comidas en nuestros restaurantes y bares. Si bien es cierto que una catástrofe ecológica no se puede evaluar, aquí evidentemente se han producido cuantiosas pérdidas que se compensan por alguna granizada en otro lugar. ¿Qué somos, el culo del mundo?

He visto resurgir a un pueblo como al ave fénix que renace sobre las cenizas, con ganas, con solidaridad, invadiendo una convocatoria para crear la plataforma “TODOS CON MAZAGÓN”, en la que era casi imposible entrar, me alegra la actitud de este pueblo en el que vivo.

Pudimos acoger en nuestra casa a una familia, que realmente lo es para nosotros, evacuada, con dos personas de edad avanzada, mientras me acerqué a las cuatro de la madrugada a acompañar a otro miembro de la misma unidad familiar que se quedó por controlar el peligro de perder la vivienda. Vi como pululaban zombis de los hoteles arrastrando sus maletas por la Avenida de los Conquistadores. Afortunadamente, la casa no se les quemó, pero después de dejarlos volver los evacuaron de nuevo, menuda chapuza, la gente pedía mascarillas y ni eso se les podía facilitar para protegerse del humo, ¡qué poco, qué barato y qué necesario en una miseria de plan de evacuación!

Para no ser negativos, no creo que haya en todo el país zona con menos mosquitos, de momento se fueron huyendo del humo, y eso que algún otro de frente estrecha se había olvidado de fumigar y antes del drama los teníamos de todos los tamaños imaginables.

Me contaba una amiga, que no vive aquí, que se había hartado de llorar porque su padre había sido encargado de mantenimiento del Camping Doñana, casualidad que yo fuese socorrista cuando se instalaba allá por los años ochenta durante dos veranos, en uno de los cuales se produjo un incendio en plena temporada difícil de olvidar. Los vehículos colapsaron la salida y de aquellos cuatro mil campistas la mayoría acabaron en la zona de la piscina que me tocaba vigilar.

Bueno, apaguemos las malditas llamas, la descoordinación y la mala información. Muchos comenzamos hoy las vacaciones y, desde luego, uno de los mejores enclaves del mundo para pasarlas es… Mazagón.

Federico Soubrier García

30 junio, 2017

Llamas de solidaridad

Paco Mesonero
Cuando la adversidad nos pone a prueba
Desde Lima, donde me encuentro participando en unas jornadas sobre Responsabilidad Social Empresarial, escribo estas líneas con el corazón más cerca que nunca de mi querida Huelva, a pesar de los 9.200 kilómetros que nos separan.

Como mazagonero de toda la vida, cuesta demasiado digerirlo: nuestros verdes pinos reducidos a esqueletos de ramas calcinadas, nuestras blancas dunas –las mismas que, entre juegos, vieron crecer a nuestros hijos- convertidas en huellas de arena ennegrecida, y qué decir de los matorrales y el monte bajo que rodean nuestro parador, de los que ya sólo quedan, en el mejor de los casos, las raíces.

Las llamas, por suerte, no se han llevado vidas humanas, pero sí han hecho peligrar lo más preciado para nosotros: nuestros hogares, con más de 2.000 personas desalojadas de sus viviendas, incluso algún vecino que, por desgracia, la ha visto reducida a cenizas. Y todo por la voluntad de unos individuos sin escrúpulos (admítase el eufemismo), que vienen a confirmar que el ser humano es capaz de lo peor…

Pero también de lo mejor. Y es en esto último en lo que quería centrarme. Pues en medio de este paisaje desolador de tristeza e impotencia, hemos visto, una vez más, aflorar la grandeza del ser humano.

Empezando por nuestros profesionales: efectivos del Infoca, la UME, Guardia Civil, Policia Local, Protección Civil y Bomberos perfectamente coordinados, que se batieron el cobre para paliar los efectos del devastador incendio. O las empresas locales, como Supermercados El Jamón, que permaneció abierta la noche del domingo para abastecer a los cuerpos que trabajaban en la extinción del incendio. O ese hotel de Mazagón, que rindió un improvisado homenaje a los trabajadores del Infoca que en él se encontraban cenando. ¡Qué mejor acción de RSE que la que brota de la naturalidad y del corazón de los empleados!

Los agricultores, sin duda, otros de los grandes héroes. Sin tregua, durante esa segunda noche, colaboraron con los medios de extinción haciendo cortafuegos, todo ello sin que nadie les organizara y poniendo a disposición sus tractores y sus propias vidas para frenar el avance de las llamas. Además, hermandades del Rocío ofrecieron sus casas en la aldea para uso de los equipos que trabajaban sobre el terreno o para alojar evacuados del entorno asolado por el fuego. Y ejemplar la labor de los medios de comunicación, que realizaron un impresionante despliegue en la cobertura para mantenernos informados en todo momento, aunque nos encontráramos lejos. Por supuesto no me olvido de los ciudadanos anónimos, de esos vecinos que colaboraron de forma altruista con los equipos de emergencias, manifestando una gran dosis de solidaridad, cooperación y buenos sentimientos.

En definitiva, España, desde Huelva, ha vuelto a demostrar, como en otras tragedias, esa reacción inmediata de unión, solidaridad y apoyo, que es infinitamente más fuerte que cualquier sentimiento de odio o destrucción. Pues las llamas han asolado nuestro paisaje y parte de nuestro patrimonio, pero nunca podrán llevarse nuestra idiosincrasia, esa voluntad de ciudadanos ejemplares que están donde tienen que estar cuando la adversidad les pone a prueba. Y en España, por suerte, tenemos a montones.

Paco Mesonero

12 septiembre, 2013

El Pero Vázquez, un barco con historia

El Pero Vázquez, ondeando la bandera de Palos, en el momento de la salida del muelle de La Rábida hacia Baiona La Real.

La curiosidad por este barco se pegó en las retinas de Ernesto Pérez Domínguez, a través de los cristales de la ventana de la antigua Escuela Náutica de Huelva, donde estudiaba para patrón en el año 1.979. En las bajamares se divisaba en la Isla de Bacuta, frente al aula donde estudiaba, el casco de un antiguo barco hundido y clavado en la arena fangosa del otro lado del río Odiel. Una mañana, Ernesto, decidió cruzar el río para inspeccionar de cerca al protagonista de la fantasía que rondaba por su cabeza desde hacía algunos meses. Comprobó que el hundimiento había sido provocado por dos agujeros que tenía en el pantoque y que en su interior había más de tres toneladas de piedras con hormigón que habían servido de lastre para la estabilidad de la embarcación, por lo que su reflotamiento no iba a ser tarea fácil. El barco resultó ser la canoa “Cibeles”, propiedad de la Naviera del Odiel, con la que Ernesto hizo trato para adquirirla en marzo de 1.980, por un valor de 10.000 pesetas.

Recuperar aquel barco y hacerlo navegable era una idea que ni al más demente de los terráqueos se le hubiera ocurrido, pero Ernesto, que es un especialista en hacer realidad los sueños, se puso manos a la obra y en pocos días ya estaba flotando en la superficie. Esperó una bajamar de alto coeficiente para que el barco quedara completamente al descubierto, achicó el agua con una bomba, tapó los agujeros del pantoque con madera, goma y fango, y la salida del eje de cola, ya que carecía de él; más tarde, cuando subió la marea lo remolcó con el pesquero “Mariscos Moguer nº 6”, pegándolo a su costado para llevarlo hasta el Muelle de La Reina, en La Rábida.

Al llegar al puente de Colón tuvieron que esperar a la bajamar porque el “Mariscos Moguer” pegaba con el palo en el puente; aquellas horas se hicieron eternas, pues la canoa Cibeles seguía filtrando agua por el pantoque y el eje de cola y hubo que achicar sin cesar para evitar el hundimiento en medio del río, donde ya no habría posibilidad de volver a recuperarla. Ya en el muelle de La Reina dejaron que las vías de agua  la hundieran cerca de la orilla, donde quedó amarrada por la proa a un eucalipto, y anclado al río por la popa. Un mes más tarde comenzaron los trabajos de restauración de aquel barco al que Ernesto registró más tarde en la lista de embarcaciones deportivas, con el folio 5º HU-3-1616, y le puso el nombre de “Pero Vázquez”, en honor al marino palermo, Pero Vázquez de la Frontera, gran experto como navegante en la Armada portuguesa, que animó a Cristóbal Colón y a los hermanos Pinzón a realizar el viaje del descubrimiento de América.

La restauración fue una obra faraónica, pues en el muelle todavía no había ni agua ni luz eléctrica, lo que dificultó y atrasó mucho los trabajos. Se limpiaron los lodos, se retiró el lastre de hormigón, se desmontaron los tanques, el motor y el puente, dejando solo la maquinilla del timón y un tambucho o guardacalor para el motor. Después se sanearon los agujeros del casco, que se calafateó y carenó para hacerlo estanco. Para ello, Ernesto contó con la colaboración desinteresada de numerosos amigos a los que recuerda con cariño y nostalgia. Fueron necesarios cuatro años para que el barco quedara completamente restaurado y comenzara a navegar con un motor de 1.500 kilos, demasiado lento porque tenía 60 CV, y una velocidad rotatoria de 1.500 rpm, que solo alcanzaba 5 nudos de velocidad, un motor restaurado que había sido desechado de un pesquero, por el que pagó 40.000 pesetas.

Jorge Gómez Trisac, en la puesta en marcha de la “nueva” máquina de Pero Vázquez

El comienzo de su Cuaderno de Bitácoras, dice: Tras una larga restauración que duró cuatro años, por fin arrancamos la máquina y salimos de prueba en enero de 1983. Al principio todo eran problemas, no teníamos puente, el timón a popa y todas las bombas perdían agua. Como rezón tuvimos que improvisar un rastro sin copo hasta que conseguimos uno.

Fue el 11 de febrero de 1983, cuando el Pero Vázquez se hizo a la mar por primera vez para dedicarse a las faenas de la pesca, una pesca no profesional, dado que el barco estaba registrado como yate y no podían vender el pescado en la lonja. «Hemos salido del muelle de La Rábida a las 3:50 horas. Viento Norte flojo. A favor de corriente doblamos el faro del espigón, rumbo 180º. A las 5:10 horas el viento es fuerte al cambio de la mar. Poca pesca, cabrachos, burros y algunos chocos».
Se puede decir que el objetivo de recuperar aquel barco, ponerlo en marcha, y mantenerlo navegando durante algunos años, fue un reto personal sin ningún interés económico, ya que todos los beneficios que obtenía con la pesca eran invertidos en su costoso mantenimiento.

Cuando el “Sirius”, barco insignia de la organización ecologista Greenpeace impidió en 1986 que los buques Nerva y Niebla vertieran en aguas del golfo de Cádiz 1.000 toneladas de residuos tóxicos de la fabricación de dióxido de titanio, los marineros de Palos no quisieron ser ajenos a esta barbaridad ecológica y se unieron al Sirius, a bordo del Pero Vázquez para abordar a estos dos buques y abortar el vertido; primero por propia convicción sobre los efectos nocivos que esos vertidos tenían sobre el ecosistema, y porque ponía en peligro la supervivencia del sector pesquero, medio de vida de numerosas familias palermas.

La proa del Pero Vázquez enfilando al Nerva, mientras los activistas de Greenpeace intentan darle alcance para encadenarse en la popa.

En 1.986, siendo alcaldesa de Palos, doña Juana Pérez Romero, surge la idea de la Corporación Municipal de hermanar por mar las localidades de Palos y Baiona La Real, hermanadas oficialmente por tierra desde marzo de 1.977, con motivo de la arribada de la carabela La Pinta en esta última localidad en marzo de 1493 tras el viaje a América. Para realizar esta histórica travesía fue elegido el Pero Vázquez, que en aquel momento no contaba con una tripulación estable, pero fueron necesarios solo unos días para que Ernesto reclutara a cuatro marineros de Palos, dispuestos a emprender esta travesía de hermanamiento con Baiona y rendir homenaje a la tripulación de la carabela "La Pinta". Los cuatro tripulantes que fueron capitaneados por Ernesto Pérez Domínguez, fueron: Jorge Gómez Trisac, Manuel Cumbrera Gómez, Manuel García Pizarro, y Juan Manuel Coronel Rojas. Contribuyeron a la financiación del viaje, el Ayuntamiento de Palos con una aportación económica, Mariscos Rodríguez con todos los víveres necesarios para la travesía de ida y vuelta, y el Fresón de Palos pagó el combustible.

El 2 de julio de 1986 el Pero Vázquez partía hacia Baiona, ante la gran expectación de numerosos vecinos de Palos que se habían dado cita en el muelle de La Reina para despedir a los cinco tripulantes que iban a llevar la bandera de Palos 500 millas más allá de la Cuna del Descubrimiento.
           
El material de navegación lo componían cinco cartas náuticas que cubrían toda la costa desde Palos hasta Baiona, un transportador de ángulos, un lápiz y una goma. Los modernos sistemas de comunicación con el que cuenta hoy cualquier embarcación por muy pequeña que ésta sea no existían entonces, pues no había GPS ni teléfono móvil; simplemente llevaban una emisora de corto alcance que de poco les sirvió. Los tripulantes, expertos en la navegación a vela, adaptaron al barco un rudimentario velamen que funcionó perfectamente. Tardaron algo más de lo previsto en llegar a su destino, porque un temporal los sorprendió antes de doblar el Cabo de San Vicente, arrancando de cuajo la ventana del puente y obligándolos a entrar en Sagres.

Muchos alimentos perecederos se echaron a perder, ya que el barco no llevaba frigorífico, y a la vuelta hubo que hacer un acopio de nuevas provisiones. La administración económica no funcionó todo bien que debiera y el cocinero se tuvo que ajustar al escaso presupuesto con el que contaba. Entre los víveres que había conseguido reunir se encontraba una mortadela con un sabor algo raro, que, aunque no paso desapercibido para la tripulación, tampoco le dieron demasiada importancia, hasta que un día descubrieron entre la basura el motivo de aquel extraño sabor, al ver que en la lata que había contenido la mortadela aparecía la cara de un pastor alemán y debajo el texto: Mortadela para perros.

Contar todos los detalles de aquel viaje sería una historia demasiado larga, pero a modo de anécdota hay que comentar que cuando hicieron escala en Lisboa, les obligaron a amarrar debajo del Puente 25 de Abril, donde nadie quería atracar porque era imposible conciliar el sueño por el estrepitoso ruido que provocaban los coches al rodar por su pavimento metálico. Atracaron junto a un barco, cuyos propietarios eran unos traficantes de armas con poco futuro que arrastraban más hambre que el perro del “afilaó”. Les ofrecieron pistolas y municiones, y hasta un Kalashnikov por 20.000 pesetas, toda una ganga. La tripulación del Pero Vázquez sintió lástima por ellos y les invitaron a comer durante los tres días de su estancia en Lisboa.

El Pero Vázquez navegando hacia Baiona

El 9 de de julio de 1986, los cinco marineros palermos entraban en aguas gallegas, un poco desorientados, ya que no llevaban ni radar ni sonda. Ya próximos a Baiona se acercaron a un barco que estaba pescando pulpos para preguntarle si iban bien encaminados, el patrón les marcó un rumbo para guiarlos hasta la Piedra de los Lobos, frente a las Islas Cies, para enfilar después las Islas Estelas, recomendándoles que no se pegaran mucho a la costa porque había muchas piedras: «Las Islas Estelas son como las tetas de una muller», dijo en un gallego cerrado el patrón del barco pulpero.

Con aquella imagen de Las Estelas, y dando rienda suelta a sus fantasías sexuales, los marineros del Pero Vázquez llegaron al puerto de Baiona La Real, donde les esperaba una comitiva municipal. Subieron a bordo, entre otros, el concejal José Manuel Marcote y el alcalde Benigno Rodríguez Quintas “Chicho”, para darle un efusivo abrazo a la tripulación. Más tarde fueron recibidos en el Ayuntamiento, en el que Ernesto, en representación de toda la tripulación y del pueblo de Palos de la Frontera entregó una placa conmemorativa al alcalde, en presencia de la autoridad de Marina.

Ernesto Pérez Domínguez, entregando la placa conmemorativa al alcalde de Baiona, Benigno Rodríguez Quintas, en presencia de la autoridad de Marina.

José Antonio Mayo Abargues
                                                        Publicado en la revista Palos con Milagros 2013

30 agosto, 2013

PERDIERON MEDIA MUJER

Playa de Mazagón 
Foto: www.mazagonbeach.com
Decía mi bisabuelo, que era cirujano, que el hombre había perdido media mujer, y lo hacía refiriéndose a la expectación que generaba para los de su quinta el poder observar el tobillo de una chica cuando se bajaba de un carruaje. Se refería al recorte que había sufrido el largo de las faldas de las señoritas modernas en muy pocos años, sobre los sesenta. Oyendo esto de quien habría visto a menudo cuerpos desnudos de señoras en su consulta e indudablemente en el quirófano, ahora suelo meditar sobre qué pensaría si se diese una vuelta conmigo por las playas de Mazagón. Seguramente quedaría alucinado al observar la belleza de pechos descubiertos desafiando al sol y, cómo no, las curvas de las prominentes nalgas de algunos traseros cubiertos en ocasiones con lo que por aquí denominarían una guita.

Evidentemente aquí me refiero, y él se refería, únicamente a la sensualidad,  el erotismo y la belleza femenina. Valía, consideración, capacidad, adaptación e integración de la mujer decantarían haber ganado mujer y media pero, en esta ocasión, no es tema.

Le doy la razón y me apunto a los que perdimos media, afirmándome en que la hornada de chavales que me sucedió, la ha perdido entera. Era obligatorio e indispensable en mi juventud que si había un grupo de chicas cercano te acercases a ellas e intentases entablar conversación, teniendo casi ninguna importancia el que te dieran calabazas. Hoy eso no sucede. Los chavales han debido perder testosterona, esa que favorece el crecimiento del vello corporal y estimula el deseo. Se han criado con el desnudo de sus madres, cuestión antes inconcebible. Se preocupan más de su pelo y de su indumentaria que del sexo opuesto. Murió el tabú del cuerpo femenino. Tatuajes, bíceps, depilación… se disputan con las tablets y los móviles el espacio de interés “masculino”. Las chicas, que podemos ver los sábados por la noche dirigiéndose al botellón, mantienen una contienda por exhibir sus encantos de tal manera y en semejante abundancia que a veces incluso puede rayar el mal gusto, debido a una feroz competencia por despertar la libido de algún posible interesado.

Creo que hemos tenido suerte los que nacimos en los cincuenta y que más valen unos pechos bonitos que diez mil empeines. Pero no puedo evitar cada vez que vuelvo a ver una película de John Wayne y la protagonista baja de la diligencia, pensar qué razón tenía mi bisabuelo y dudar de alguna manera si el camino que llevamos, a largo plazo, será el que propicie el final de nuestra especie.

Federico Soubrier García

.Publicado en El Periódico de Huelva el 29 de agosto de 2013

29 agosto, 2013

ANTONIO PADILLA, UNA VIEJA GLORIA DEL FÚTBOL

Antonio Padilla en el estadio Santiago Bernabéu

Antonio Padilla Martínez, hijo de un ferroviario, jefe de estación, nació por circunstancias de la vida hace 82 años en Lora del Río (Sevilla), pueblo que apenas llegó a conocer; ya que por motivos de trabajo de su padre se instaló en Madrid, donde residió hasta el año 1948. Padilla fue uno de los porteros de la mítica plantilla del Real Madrid, con Alfredo Di Stéfano, Miguel Muñoz, Francisco Gento, Ferenc Puskás, etc.

Su trayectoria deportiva comenzó precisamente en Madrid, donde jugó de medio centro en el Imperial Delicias y en el Meseguer. En 1948 se trasladó a Huelva, lugar en el que fue descubierto como guardameta. Comenzó jugando en el Ferroviario C.F., y más tarde se incorporó al Recreativo de Huelva como amateur, cobrando cinco mil pesetas al año. En 1951 pasa al campo profesional como portero del Recreativo. “Leoncito”, preparador del cuadro onubense, salió al paso de una pequeña controversia de pasión de valores en el diario Odiel, con estas declaraciones a favor de Padilla: «En Padilla hay un portero fenómeno; que nadie lo dude… Lo vamos a ver pronto”». Y así fue, ya que un año más tarde, el 28 de febrero de 1952, fue fichado por el Real Madrid para defender la portería del Plus Ultra, filial de este equipo. El Recreativo obtuvo por este traspaso 300.000 pesetas, una importante cantidad por aquella época con la que pudo pagar a toda la plantilla durante la temporada siguiente. 


Padilla fue probado en el estadio de Chamartín el 14 de febrero de 1952, en un encuentro amistoso entre el Real Madrid y la U.D. España de Tánger, que terminó con el resultado de 3-0. Dos semanas después debutaba con el Plus Ultra en un partido de Liga contra el Salamanca, en el que sufrió una lesión de poca importancia, ya que a la semana siguiente volvió a defender la puerta del Plus Ultra en Chamartín.

El nuevo portero del Plus Ultra triunfó rápidamente de una manera espectacular y todos los periódicos destacaban las habilidades del guardameta Padilla. “Pueblo”, el diario de la noche madrileño, decía en un titular: «PADILLA, HÉROE DE LA JORNADA». El “Marca”, refiriéndose al encuentro con el Salamanca, señalaba a Padilla como un excelente portero: «El equipo madrileño, con mucha juventud en sus filas ha causado buena impresión. Destacaron sus interiores y el portero Padilla que tuvo una excelente actuación, realizando magníficas paradas». Todo eran elogios para aquel chaval que se formó deportivamente en el Decano del fútbol español en el campo del Velódromo de Huelva, situado en la antigua carretera de San Cristóbal, hoy Alameda Sundheim.

Por la izquierda Di Stéfano, Cosme, Vázquez y Antonio Padilla en una cena de celebración.

El Servicio Militar le obliga a dejar temporalmente el Plus Ultra para desplazarse a Sevilla y cumplir con su compromiso obligado con la Patria. Durante este tiempo (temporada 52-53), fue cedido al Real Betis Balompié. Debuta en un partido del Trofeo Federación Betis-Córdoba, en el que sufre una rotura de menisco de la rodilla derecha que lo dejó inactivo durante un tiempo, lesión de la que nunca se llegó a recuperar totalmente. Padilla tuvo muy mala suerte con las lesiones, tal vez porque arriesgaba demasiado. Pero a pesar de las secuelas de esa lesión, es fichado por el Tenerife para la temporada 54-55.

En 1956 Padilla retorna a Huelva para jugar en la temporada 56-57 en La Palma C.F. y en la Olímpica Valverdeña (Tercera División); enfrentándose con este último a su antiguo equipo, el Recreativo de Huelva, con un resultado de 0-0.

En 1958 ficha por el equipo portugués, Lusitano de Vila Real, equipo de Segunda División, en el que jugó varias temporadas. El 6 de febrero de 1961 el Vila Real se enfrenta al Victoria de Setúbal, partido en el que Antonio Padilla tuvo frente a él, defendiendo la portería del Setúbal a otro prestigioso portero, Félix Mourinho, padre de José Mourinho, actual entrenador del Real Madrid. Como dato anecdótico, que el propio Padilla cuenta con cierto grado de asombro, es que en los años 62-63 llegó a jugar en la selección portuguesa sin ser portugués, un caso insólito que en la actualidad sería difícil repetir.

 Antonio Padilla, primero por la izquierda, defendiendo los colores de la selección portuguesa.

Un día, Padilla decide que le ha llegado la hora de colgar las botas y regresa a Huelva para hacerse cargo como entrenador de la plantilla del Recre en la temporada 64-65. Al año siguiente se desvincula profesionalmente del mundo del fútbol y monta un negocio de serigrafía de banderines de fútbol en la calle Isla Cristina nº 9 de la capital, comercializando estos emblemas deportivos en España y Portugal. El negocio se convirtió después en la “Papelería Padilla”, una de las papelerías más antiguas de Huelva.

En los fichajes de aquella época no corrían las cantidades millonarias que estamos acostumbrados a leer en la prensa diaria de nuestros días, pero la carrera deportiva de Padilla le aportó el suficiente dinero para llevar una vida muy desahogada, e incluso costear la carrera de un hermano.

El Recreativo de Huelva nunca olvidará su paso por el club. Fue uno de los invitados de honor en la inauguración del Nuevo Estadio Colombino, y el asiento nº 6 de la fila nº 8 de Tribuna de este estadio está reservado para esta vieja gloria del fútbol español y extranjero, como socio honorífico.

Aunque el fútbol le apasionaba, nunca llegó a ser para él una obsesión; lo entendía más bien como una profesión; como un trabajo del que sabía desconectar rápidamente. Cuando llegaba a casa después de jugar un partido, y su familia le preguntaba por el desarrollo del mismo, él no entraba en detalles para evitar mezclar el trabajo con la familia, y siempre respondía escueta y brevemente: «Ha habido división de opiniones».  Padilla, que desde muy joven ha veraneado en Mazagón, prefería traer a su familia a la playa antes que asistir a cualquier evento deportivo.

Ya jubilado, Antonio Padilla vive en una casa con unas privilegiadas vistas al mar en la urbanización “Casas de Bonares”, y a pesar de haber sido una gloria del fútbol español y extranjero, Padilla es una persona humilde, sencilla, nada vanidosa, que pasa desapercibida entre sus vecinos.

José Antonio Mayo Abargues

Publicado en agosto de 2013 en la revista "Marzagón"