La actividad se realizará el 1 de febrero a las 09:00 horas y es gratuita
Inscripciones a través de correo electrónico: ddessi@seo.org
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Por Rafael R. Porrino
A los profanos en el mundo de las aves les llamará la atención saber que bajo el nombre de “gorrión” no designamos únicamente al entrañable pájaro que todos conocemos por su vecindad al ser humano en pueblos y ciudades, sino que, por el contrario, en castellano el nombre genérico de gorrión se aplica no solo al Passer domesticus -que así se llama técnicamente el familiar gorrión común-, sino a otras cuatro especies más de las que se distribuyen por la geografía española.
Una de ellas es el gorrión molinero Passer montanus, pariente cercano del común, aunque mucho menos conocido que este, y ello a pesar de ser otra de las aves que en algunos lugares llega a hacer su vida muy cerca de las personas.
Se trata de un ave algo menor en tamaño que el gorrión común, y de colorido semejante, pues en su plumaje se combinan el marrón, los tonos pardos-ocres, y el jaspeado en negro. Sin embargo, destaca en su cara un marcado contraste entre el pequeño babero negro, el blanco de las mejillas, y un parche negro a cada lado de ellas. El pico es negro, siendo de un característico color castaño la parte superior de la cabeza -o píleo-. Ambos sexos son muy similares, lo cual representa otra diferencia con respecto a su más abundante pariente, del que se distingue también por su reclamo.
Si bien es un pájaro de los considerados residentes (es decir, que vive todo el año en la misma zona), a finales de verano, tras la reproducción, suele desplazarse a zonas agrícolas más abiertas de las proximidades, donde se forman bandos de jóvenes y adultos que comparten sus días alimentándose de semillas y material vegetal.
Ya mediado el invierno suelen regresar al entorno de las zonas de anidación, donde se asientan definitivamente a inicios de la primavera para sacar adelante sus nidadas. Para ubicar el nido eligen siempre oquedades como agujeros naturales en árboles, orificios bajo tejas, grietas en paredes de construcciones abandonadas, etc. Suele reproducirse en pequeñas colonias laxas de unas cuantas parejas, en las cuales se puede observar a ambos progenitores aportando comida a sus polluelos, consistente en esta época del año en gusanos, orugas, mariposas, saltamontes, y otros invertebrados, además de algunos semillas y frutos.
El gorrión molinero mantiene una distribución irregular en la provincia de Huelva. Sus mejores poblaciones se hallan en los pinares y bosques mixtos más cercanos a la costa y en la corona forestal de Doñana y su entorno de campiñas arboladas, volviéndose más escaso en la Cuenca Minera, y pasando a ser poco común -o incluso raro- en la mayor parte del Andévalo y la Sierra.
En Mazagón tenemos la suerte de encontrarlo en algunas partes del casco urbano, pues es una especie que suele dejarse ver por jardines, especialmente si en ellos hay pinos de buen porte, así como por el Parque y otras zonas arboladas.
Como curiosidad hemos de apuntar que esta especie es una entre las que mejor aceptación tienen las cajas-nido, no dudando en establecerse en ellas cuando las tienen disponibles en áreas boscosas y en jardines y parques urbanos. Estas cajas pueden adquirirse en comercios especializados, si bien podemos también construirlas nosotros mismos con listones de palés o tablones, y así poder colocarlas en nuestro entorno. Para ello resultan de gran ayuda las indicaciones en webs como esta del grupo ecologista Xoriguer, o esta del blog QuadernNatura.
Por Rafael R. Porrino
Por Rafael R. Porrino
A buen seguro, todo asiduo o visitante de las playas de Mazagón habrá reparado en unos pájaros blancos que se lanzan en picado desde el aire al mar, sumergiéndose de cabeza en el agua cerca de la orilla. Se trata de unas avecillas pertenecientes a la especie llamada charrancito común (Sternula albifrons), si bien este comportamiento también es propio de otros alados, de algunos de los cuales ya hemos hablado en estas páginas.
Al
igual que ocurre con muchas otras aves de nuestro entorno, el charrancito común
es una especie estival y migratoria; es decir, que llega a sus zonas de
reproducción europeas sobre el mes de abril, para abandonarnos de nuevo en
septiembre-octubre poniendo rumbo a sus lugares de invernada en la costa
occidental de África. Sin embargo, en los últimos años se quedan algunos
ejemplares en las playas y humedales costeros de Huelva durante la estación
fría.
El
charrancito común es un ave costera de pequeño tamaño y vuelo raudo y
nervioso, que además tiende a ser muy vocálica, amenizando sus vuelos y
picados con característicos chillidos. Los adultos son prácticamente
inconfundibles, pues presentan un plumaje blanco con partes superiores gris
pálido, dando en vuelo apariencia -bajo el fuerte sol veraniego- de aves de un
tono casi níveo, sólo interrumpido por su cabeza negra con dos bridas
desde la base del pico que dejan un llamativo
espacio blanco en la frente (de donde procede su apelativo latino “albifrons”).
Presenta pico amarillo-anaranjado con una pequeña mota negra en la punta, y
patas naranjas, si bien ambas partes no emplumadas se oscurecen durante el
invierno.
Los jóvenes, en cambio, presentan un dorso gris más oscuro y con escamas marrones, además de alas más oscuras, patas de tonos apagados y pico negruzco. Desde bien pronto aprenden a pescar, no obstante lo cual continúan durante semanas requiriendo alimento a sus padres posándose junto a ellos o persiguiéndoles chillando en vuelo, comportamiento que se repite en distintas especies de charranes.
Para reproducirse compone colonias que suelen ser de tamaño mediano o pequeño, si bien algunas alcanzan dimensiones mayores, así como hay parejas que tienden a reproducirse en solitario. Anidan siempre en el suelo cerca de costas, salinas y humedales, donde seleccionan espacios abiertos y con escasa vegetación, como arenales, diques, muros de marismas o incluso caminos.
Durante la primavera no es infrecuente observar a los machos cortejando a las hembras. Este ritual consiste en el ofrecimiento de pececillos recién pescados, que el macho lleva en el pico mientras camina “pavoneándose” ante la hembra emitiendo su característico grito, para acabar entregándole a su pareja la presa. Habitualmente, a ello sucede una breve cópula.
Los charrancitos se alimentan especialmente de pececillos de tamaño pequeño, si bien también capturan pequeños cangrejos e incluso algunos insectos. La forma típica de pesca implica vuelos rápidos y nerviosos, cernidos en el aire y posterior zambullida en el agua tras un vertiginoso picado cabeza abajo. Si la operación tiene éxito, normalmente el ave se marcha con el pez en el pico hasta su nido, para allí entregarlo a sus polluelos.
El charrancito común tiene una amplísima área de distribución mundial, abarcando grandes zonas de los continentes europeo, africano, asiático y oceánico. Sin embargo, en pocos países puede considerarse como común y bien distribuido, pues tiende a ser escaso y de distribución restringida y fraccionada.
En España cría sobre todo en los humedales del Golfo de Cádiz y de la costa mediterránea, con algunas pequeñas colonias en embalses y humedales del interior. En Huelva, el Paraje Natural Marismas del Odiel y su entorno albergan una de las mayores agrupaciones reproductivas de Andalucía, con varios cientos de parejas (varía mucho interanualmente); de esta colonia proceden la mayor parte de las aves que vemos en Mazagón en verano, si bien a ellos se unen los ejemplares que recalan en nuestras playas durante sus periplos migratorios.
El charrancito común es una especie cuya conservación sufre amenazas principalmente asociadas a la destrucción de hábitats litorales por el desarrollo urbanístico y otros usos, a las molestias humanas en zonas de reproducción (afectando especialmente a parejas que anidan en nuestras playas, muy sensibles al tránsito de bañistas, deportistas y mascotas) y a la depredación que sufren por parte de otros animales, entre los que hay que destacar los gatos domésticos asilvestrados, los cuales llegan a causar gravísimas mermas en colonias de cría como las de Marismas del Odiel o las Marismas de Isla Cristina.
En la provincia de Huelva se vienen anillando charrancitos desde hace décadas, contribuyendo a un mejor conocimiento de su biología, desempeñando en la actualidad la asociación SEO/Birdlife esta labor. Por otra parte, además de los programas de censo y conservación que desempeña la Administración andaluza, la joven asociación AHUNA lleva unos años ejecutando con voluntarios y administraciones locales interesantes actuaciones de señalización y perimetración de nidos y colonias situados en las playas de Huelva, así como de sensibilización entre usuarios de de los concurridos balnearios onubenses.
Cualquier
playa de Mazagón es idónea en primavera y verano para observar a la
especie y ser testigo de sus divertidos lances de pesca, pudiendo citar como
lugares especialmente favorables la Playa de Las Dunas y el abrigo de Puerto
Barato (donde se producen concentraciones de charrancitos alimentándose).
También en el puerto deportivo recalan algunos ejemplares aislados o en pareja,
y en la laguna de Las Madres y el Estero de Domingo Rubio no es raro avistar
individuos pescando o dándose baños de agua dulce. Eso sí, hoy en día no se
reproduce en nuestros arenales, siendo la ya citada de Marismas del Odiel la
colonia de cría más cercana a nuestro pueblo.
Por Rafael R. Porrino
De entre todas las especies que
componen la avifauna europea puede decirse que el abejaruco europeo Merops
apiaster es una de las más bellas, llamativas y conocidas, tanto por
los aficionados a la observación de aves, como por la gente del campo y gran
parte de la población.
El
abejaruco es nuestra ave más colorida
El variado y multicolor colorido de su
plumaje es el principal motivo de la atracción que ejercen los abejarucos. No
en vano, en el cuerpo de estas aves se unen el verde, el azul, el amarillo, el
negro, el ocre y el rojo, variando además el efecto óptico de su coloración en
función de la distinta intensidad de luz que reciba el pájaro.
Las patas del abejaruco son muy cortas y con dedos fuertes
Se trata de un ave de tamaño mediano, de silueta
estilizada -a la que contribuyen las rectrices centrales de su cola, muy
largas y puntiagudas, que sobresalen sobre el resto-, patas muy cortas y pico
bastante largo.
Con frecuencia a los abejarucos se les ve en fincas agrícolas
Hace gala de un marcado carácter
gregario, pues casi siempre se le ve en bandos o en pequeños grupos que van
dejando por el cielo su alegre reclamo.
Los
abejarucos utilizan regularmente posaderos
También tiende a agruparse para
realizar sus migraciones, puesto que se trata de un ave que no se queda
todo el año entre nosotros, sino que llega a partir de mediados de marzo y se
marcha en agosto o septiembre al África subsahariana para pasar la estación
fría.
Bando de abejarucos cruzando el Estrecho de Gibraltar en migración
Una de la curiosidades del abejaruco la
tenemos en su peculiar forma de nidificar: cada pareja construye su nido
-generalmente en vecindad con otras parejas, formando pequeñas o medianas
colonias- excavando una galería en forma de largo tubo, que termina en
una cámara circular de mayor dimensión, que es donde ponen sus huevos y sacan
adelante a sus pollos.
Nido en construcción, con la arena extraída al pie de la galería
Estos nidos los excavan arañando con el pico y
sacando la arena con sus patas, preferiblemente en taludes o cortados arenoso o
arcillosos, si bien también pueden hacerlos en pequeñas cunetas o incluso
directamente en el suelo.
Colorida pareja de abejarucos
Debido a la peculiar ubicación de sus nidos, y
a pesar de que la longitud de la galería protege a la cámara en la que se
hallan huevos y pollos, estos suelen ser objeto de predación por parte
de animales como las culebras bastarda y de escalera, el lagarto ocelado, o el
zorro.
El lagarto ocelado llega a predar ocasionalmente los nidos de abejarucos
También resulta notoria su forma de
alimentación, ya que se trata de un insectívoro estricto que captura sus
presas en vuelo realizando acrobacias y vertiginosas cabriolas aéreas, para
finamente llevárselas a un posadero en el cual las golpea hasta eliminar el
aguijón (de aquellas presas que lo tienen).
Abejaruco en vuelo de caza
A pesar de su nombre, hay que
puntualizar que la abeja de la miel (Apis mellifera) no constituye la
base exclusiva de su dieta, siendo la importancia de esta especie en su
alimentación relevante, pero variable, entre distintas poblaciones o colonias
de abejarucos, ya que estas aves predan también sobre distintas especies de
abejas silvestres, avispas, escarabajos y libélulas, entre otros tipos de
insectos voladores.
Las libélulas son presas favoritas de los abejarucos
El abejaruco europeo es común en la mayor
parte de la Península Ibérica, y se extiende también por casi todos los
países del arco mediterráneo occidental, Este de Europa, Asia occidental y
central, y zonas de África.
Un ejemplar en una percha típica
Prefiere zonas cálidas con escaso
arbolado, en las que haya sitios apropiados para excavar sus nidos, por lo cual
suele habitar en valles de ríos con taludes arenosos, zonas de campiña
agrícola, dehesas, entorno de caminos y carreteras, etc.
Talud en un arroyo, con una colonia de abejarucos
En Mazagón y su entorno se detecta
fácilmente durante sus pasos migratorios de primavera y finales del verano,
estando como reproductor más localizado; en nuestros alrededores suele verse en
primavera en cortafuegos y márgenes de carreterines de los pinares del
Abalario, el entorno del Estero Domingo Rubio, o en las cuencas de diversos
arroyos como el Avitor.
Típica
estampa primaveral en los carreterines de El Abalario, en el entorno de Mazagón
– Foto: Luis Urbina
El Alcaudón real
Su negro antifaz es uno de los rasgos más característicos del alcaudón real.
Foto: Estela Gil Costa.
Por Rafael R. Porrino
Todo caminante que se adentre por carriles,
sendas y rayas de los pinares del entorno de Mazagón se habrá topado, a buen
seguro, con un pequeño pájaro de tonos grises, cabeza potente con antifaz, pico
fuerte y pose altiva, que a modo de vigilante otea los alrededores desde
alguna improvisada atalaya. Se trata del alcaudón real Lanius
meridionalis, un paseriforme de talla media que hace décadas gozó de
gran popularidad de nuestro país cuando se coló en los salones de muchas
familias españolas de la mano del añorado Félix Rodríguez de
la Fuente.
Fotograma del capítulo dedicado al Alcaudón real en la serie El Hombre y la Tierra. Ver en YouTube
Se trata de un ave muy carismática, puesto que a pesar de su talla no se amilana y no duda en capturar presas que con frecuencia doblan su tamaño, como ratoncillos, pajarillos o pollos de otras aves, además de lagartijas y otros reptiles, e insectos grandes. Se le atribuye por ello gran bravura, lo que unido a su costumbre de empalar a sus presas en pinchos de vallas o de arbustos -para así poder despedazarlas- le ha dado fama de “carnicero”.
Oteando el suelo desde su posadero, en busca de presas.
Tiene querencia a permanecer posado en copas de árboles, postes, cables o montones de leña, desde donde escudriña el suelo y los arbustos en busca de presas. Por ello se trata de una especie muy conspicua y de fácil detección, a la que además difícilmente confundiremos con ninguna otra, con la excepción quizá del rabilargo ibérico, con el que comparte algunos rasgos.
Alcaudón real en la copa de un pino, una de sus estampas más habituales.
Foto: Mª Pilar González Sánchez.
Otra de las cualidades del alcaudón real es
relativa a su voz: a pesar de no tener un canto desarrollado ni
melódico, emite gran diversidad de trinos, llamadas y gorjeos, entre los que
intercala imitaciones de algunas otras aves.
Canto del alcaudón real
Fuente: www.xeno-canto.org
Es el alcaudón real un animal que rehúye de
bosques cerrados, siendo su hábitat preferido las zonas abiertas con
matorral y arbolado disperso o poco denso, así como áreas agrícolas y campiñas.
Ocasionalmente se ve favorecido por los grandes claros que se crean tras
producirse incendios en áreas antes boscosas, como ha ocurrido en
nuestro propio entorno.
El incendio de 2017 creó claros en zonas antes
boscosas, que han sido aprovechados por animales como el alcaudón real.
Habida cuenta de la baja diversidad y escasa
abundancia de aves que presentan los pinares cercanos a Mazagón, se agradece el
toparse de cuando en cuando en nuestros paseos con algún alcaudón real
vigilante desde su atalaya, emitiendo su rechinante llamada, y quien con
frecuencia volará en corto al detectarnos, posándose unos cuantos pinos más
allá.
Aun siendo una de las especies de aves más
comunes de España, y de cobijar nuestro país la principal población europea,
presenta desde hace muchos años un fuerte y preocupante declive. Cada vez hay menos alcaudones, lo que se achaca
a la progresiva mayor escasez de presas (grandes insectos y pequeños
vertebrados) por el uso de pesticidas, así como a los cambios de uso de la
tierra.
Típico hábitat de la especie en el entorno de
Mazagón.
Se trata de un ave sedentaria, que no obstante realiza desplazamientos de corto alcance en invierno. En los alrededores de Mazagón se ve todo el año, siendo algunas de las zonas donde se puede encontrar las dunas junto al camping de Cuesta de la Barca, el paraje de las Lagunas de Moguer, o el sendero de Ribetehilos, entre muchos otros sitios.